lunes, 4 de enero de 2016

Capitulo 12

Zayn 


Max estaba cagado, miraba en todas direcciones como si fuera a aparecer un fantasma del sitio más inesperado. Me miraba a mi, miraba al conductor y miraba al suelo porque sabía que mirarme era desafiarme.

Yo estaba callado, necesitaba pensar en qué decir o no cuando Jack se me pusiera delante. Debía de asimilar que me atestaría un puñetazo en la cara por mi mal comportamiento; me diría que cada vez son más las ganas de despedirme o incluso matarme.

Tonterías


Estupideces


Nada de esto me importa.


Mi mente se concentraba en otras cosas, Como la escena en el baño del avión con Felinda.


Sonreí.


Luego pienso en Celia y lo enormemente feo que le ha salido el niño, tiene cara de borracho. Si hubiera sido yo el padre habría salido mucho más hermoso, ya sabéis..moreno, atractivo...en fin, un mar de piropos.


Se acabó el trayecto y Max abrió la puerta.


-Max, sal ya.


Y se quedó parado, como si algo le bloqueara la salida. Le pegué un empujón.


-Tengo miedo Zayn. Nos va a matar, Jack nos va a matar.

-Paparruchas, nos necesita.

Tiré de él y subimos las maletas a las habitaciones, cada uno nos fuimos a la nuestra, descansando un poco.


A las horas recibí una llamada y medio dormido agarré el móvil.


-¿Si?

-A la puta oficina,¡Ya!-Dijo Jack.
Colgó.

Me vestí y me guardé una navaja en el bolsillo, salí a la vez que Max salía pálido.


-¿Ves espíritus?-Pregunté

-No es momento de risas.

Los dos subimos por unas largas escaleras metálicas que había en el hotel, cada uno concentrado en mantener a raya sus nervios. Él no los escondía, los dejaba a flote, yo sin embargo sabía la forma de eliminarlos. 

Llegamos a la cima de las escaleras y cuando Max se disponía a abrir la puerta, giré inmediatamente hacia el carro de uno de los botones del hotel.

-¿Qué coño haces Zayn?-Dijo volviendo hacia mi.


Cogí una botella de champagne que sería para alguna pareja del hotel, la abrí y me bebí a palo seco hasta prácticamente la última gota de la botella.


-Joder.-Dije.

-Jack va a matarte.
-Pues si lo hace al menos le pegado el último a una botella de alcohol.
-¿El último?-Preguntó con sorna.-Te has tragado toda la botella.

Reí mirando el reloj de mi muñeca, estábamos tardando mucho en entrar.


-Vamos.-Dije regresando hacia la puerta.

-Nos va a matar, nos va a matar.-Susurraba hacia él.

Abrí y entramos, notando ese ambiente espeluznante que tenían todos los despachos de Jack.

Nos esperaba, serio, más que nunca, tomándose un café que apenas degustaba por el momento.

Nos hizo una señal y nos sentamos.

Miré hacia abajo y noté los efectos del champagne en mi cuerpo. Comencé a reírme y Max me miró confundido mientras que por otra parte noté los ojos del jefe clavados en mi cuello.

-Zayn.


En seguida miré hacia delante y paré de reír, la voz de este hombre tenía algo que ponía el bello de punta y más si estaba borracho.


-Eres tan cobarde para venir aquí sin beber y escucharme.-Dijo.-Pues me vas a escuchar.

Max temblaba y yo escuchaba atento.

-Un ex marine y un agente como tú, no es ni un ex marine ni un agente si está intentando arruinar la vida de una persona. Me da igual cuales sean tus intenciones con esa chica Zayn, me da exactamente igual, pero vas a parar porque como no pares, puede denunciarnos y entonces nuestra investigación se irá a la mierda. Además, la necesitamos. Necesitamos a Celia.


Me levanté del sitio, tirando la silla y mirándole fijamente por sus palabras, confundido, habiendo alterado algo dentro de mi.


-Siéntate.-Dijo.

-Explícame eso.

Se levantó a la misma altura de mis ojos.


-Cuando no estés borracho.


Cogió el teléfono, llamó a su secretaria y automáticamente un hombre de seguridad entró y me llevó a mi habitación. Destrocé todo lo que pude y me tiré a la cama pensando.


Una cosa tenía clara, este trabajo no se le da a cualquiera, es un trabajo suicida.

Y a ella la habían metido en esto,

Cuando me desperté, era de noche y mi cabeza me pedía que tomará una pastilla. Me puse mi chaqueta y salí de allí en busca de un servicio de habitaciones.

Entonces vi a Max, que se dirigía al despacho de Jack otra vez, esta vez sería a él a quien le caería la bronca otra vez.
Como no tenía nada que hacer, lo seguí. Me quedé detrás de la puerta pero no logré escuchar nada e la conversación. Miré de reojo por la puerta y vi entonces como del despacho de su secretaría entraba alguien...

Era Celia.


Sin dar crédito alguno comencé a dar vueltas, comencé a cabrearme, me volví loco y entré, abriendo las puertas de par en par.

Ella me miró llevándose las manos a la boca, yo sin más preámbulos rodeé la mesa y llegué hasta Jack levantado su cuello en el cristal de la ventana.

-Eres un hijo de puta.-Dije.

Max intentaba separarme.
-Suéltame ahora mismo.-Dijo Jack.
-Hicimos una promesa y debes cumplirla. ¡Devuélvela a su jodida casa!

Sentí unas manos apretando mis hombros con fuerza.


-Yo he querido venir, por favor, suéltalo.-Susurró Celia.


Quité mis manos del cuello de Jack y la miré.


-Zayn vete de aquí y no vuelvas hasta que las cosas no hayan avanzado, te doy días libres hasta que vea que sea oportuno volver a llamarte.-Me dijo Jack.


Cabreado, la cogí de la muñeca y tiré de ella, sacándola de la habitación, sacándola del hotel, alejándola de allí.


-¿Quieres hacer el favor de soltarme y dejarme en paz? ¿Qué te pasa? ¿Te has vuelto loco o qué?.-Preguntaba ella mientras yo cada vez la alejaba más.


Hasta que comenzó a llover y tuve que meternos bajo el techo de una calle principal.


Allí la paré.


-¿Qué coño haces aquí?-Pregunté.

-He venido a hacer una cosa.-Dijo ella, mirándome enfadada, como siempre.
-¿Qué cosa?
-¿Qué te importa?
-Escucha,¡Idiota! Aquí te puedes jugar la vida, no sé para qué coño has venido pero seguro que tu problema de mierda lo podemos arreglar nosotros, voy a comprar un puto billete de avión y te vas air a tu maldita casa.

Se quedó unos segundos mirándome seria.


-Zayn, ¿Qué te importa que esté aquí? Si siempre quieres lo peor para mi.

-No quiero que lleguen personas a esta empresa que no tengan ni idea de en qué se han metido y mueran.-Dije.
-¿Ahora te importa me vida? ¡Te tiraste 11 años en la marina! ¡Sin importarte haberme dejado sola!

Me quedé quieto.


-¿Sin importarme? ¿Estás loca? Debía de ir, tenía que ocupar el puesto de mi padre obligado. Me dijiste que no te importaba, que me esperarías. ¿Cuál fue mi sorpresa cuando llegué? Que tenías a un marido borracho y a dos hijos jugando en un parque. ¿Y me dices que no me importabas? lloraba, lloraba, lloraba y dejaba que pasaran los segundos en cada lágrima, buscando un consuelo aun sabiendo que nada se iba a arreglar. No quería comer, no tenía ganas ni de mirarme, ni de pensar, ni de recordar, porque cada cosa que hacía era algo más que me hundía. Me hiciste mucho daño y aun así te dejé que continuarás con tu vida. Lloraba escuchando música, lloraba leyendo conversaciones, lloraba escribiendo, lloraba durmiendo, lloraba en sueños, lloraba en pesadillas y lloraba con todo. Mi vida no valía nada, y yo tampoco valía nada, no le convenía a nadie. Pensé que ese dolor iba a ser inalcanzable, que sería un dolor marcado en leyendas, en mentiras pero no, estaba muy jodido. Cada segundo me sentía peor y tenía horribles pesadillas. Era una persona fuerte y de repente no volví a serlo por tu culpa. Siempre había sido feliz y ya ni me reconocía. De vez en cuando me daba asco, de vez en cuando no entendía el por qué de todo esto. Quería dejar de comer, de hablar, de pensar iba a dejar mi cuerpo en estado muerto e iba a esperar para saber si realmente merecía estar vivo. Me sentía un desgraciado.

¿Y aun así me dices que no me importabas? ¿Que no te amaba? Estás equivocada.-Dije, soltando toda mi ira, soltando todo lo que no sabía como expresar.


Celia me miró, con los ojos borrosos, como si hubiera escuchado las palabras más dolorosas de su vida y se fue, corriendo, perdiéndose entre la neblina de la lluvia.


Me quedé allí un par de horas más, mendigando en los bares de la zona, tomando mis cosas preferidas de cada uno de ellos. Hasta que cansado, regresé al hotel envolviéndome en las sábanas y sin poder pegar ojo.



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